Matan a tiros a un oso en el Pirineo francés

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La escopeta de un cazador furtivo ha segado la vida de uno de los escasísimos osos pardos de los Pirineos. Este martes, 9 de junio, ha aparecido muerto un ejemplar con impactos de bala en el departamento de Ariège, en los Pirineos centrales. Es un duro revés para la recuperación de la población pirenaica de esta especie, la más pequeña y amenazada de Europa, con 52 ejemplares viviendo en toda la cordillera.

La noticia la dio ayer la ministra de Transición Ecológica y Solidaria en su cuenta de Twitter. “El oso es una especie protegida, este acto es ilegal y profundamente condenable”, aseguró Elisabeth Borne, que anunció que el Estado francés presentaría una denuncia. 

Las entidades ecologistas francesas han reaccionado con indignación ante la noticia. “La reacción del Estado debe ser clara y firme: condenar y reparar (…). Renunciar a reemplazar a este oso supondría dar la razón a los cazadores furtivos”, han asegurado en un comunicado conjunto. “Este nuevo paso en la violencia es parte de un contexto de impunidad para los radicales y violentos anti-oso que nuestras asociaciones han denunciado durante años”, dice el comunicado.

El conflicto social por la recuperación del oso en el Pirineo se ha incendiado en los últimos tiempos a ambos lados de la cordillera. Pero si en la vertiente sur la situación es tensa, el lado francés es un polvorín. En 2017 se difundió un vídeo en el que un grupo de encapuchados, armados con fusiles y escopetas, anunciaban la “reapertura de la caza del oso” en la región de Ariege.

El vídeo, grabado de noche, parecía el comunicado de una organización terrorista. Sus autores se identificaban como  “montañeses, ganaderos, senderistas y cazadores de Ariege”, y se declaraban también en “resistencia activa frente a los agentes del Estado”. El verano pasado, un coche de la Oficina Nacional de la Caza y la Pesca (el organismo oficial encargado de la conservación de la naturaleza) fue incendiado mientras los agentes inspeccionaban unos rebaños en la montaña. También el verano pasado, aparecieron carteles en Ariege en los que se advertía a senderistas y turistas que podrían recibir una bala perdida de una cacería de osos. “Es la revolución, es la guerra”, se leía en el cartel anónimo, según recogieron los medios de la zona. 


El reto de la coexistencia

En el origen del conflicto está el reto pendiente de la coexistencia con la ganadería extensiva. El estado francés paga indemnizaciones por los animales que mata el oso (incluso cuando existen dudas de que el plantígrado sea el responsable), y financia medidas preventivas que se han demostrado muy eficaces para evitar los ataques.

En 2018 se pagaron 870.000 euros para costear medidas como la contratación de pastores durante los meses de verano, la compra y el mantenimiento de mastines que protegen a los rebaños, o la construcción o reparación de cabañas en los pastos de montaña. Y este mismo mes, el Ministerio de Transición Ecológica y Solidaria anunció una inversión extra de medio millón de euros para favorecer la coexistencia entre osos y ganadería extensiva. Sin embargo, para parte de los ganaderos ninguna de esas medidas es suficiente. Defienden que la convivencia con la especie es imposible y, sencillamente, se niegan a aceptar su regreso a la cordillera.

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Con este de Ariege, ya han aparecido muertos dos osos en el Pirineo en tan solo dos meses. En abril se encontró el cadáver de ‘Cachou’ en el fondo de un barranco del valle de Arán: un caso que se halla bajo secreto judicial por las sospechas de que el animal podría haber muerto de forma intencionada, quizás envenenado. 

Las organizaciones conservacionistas han exigido que se liberen dos osos para reemplazar a los animales muertos. Una medida que amortiguaría el impacto de estas bajas en la población osera del Pirineo, considerada la más pequeña y amenazada de Europa. Además de una especie estrictamente protegida, el oso es una pieza más, esencial como todas, del ecosistema de estas montañas. 

La especie ha vivido una lenta recuperación desde que comenzaron a liberarse ejemplares procedentes de Eslovenia (de la misma subespecie que el oso autóctono) a mediados de los años 90. Desde 1996 se han liberado 11 en total, diez en el lado francés y uno en Cataluña, el mediático ‘Goiat’. Según el último conteo, hay 52 ejemplares en la cordillera

En enero de este año, durante una visita a Pau, el presidente Emmanuel Macron prometió que no se soltarían más osos pardos en los Pirineos. En 2018, cuando se liberaron dos hembras en el Pirineo occidental —’Claverina’ y ‘Sorita’—, la Oficina Nacional de la Caza y la Pesca tuvo que trasladarlas en helicóptero hasta un lugar secreto, para esquivar las protestas en los valles franceses. Esas hembras eran las primeras que pisaban los Pirineos atlánticos desde que Cannelle, la última osa autóctona pirenaica, cayó abatida por cazadores en 2004 en el valle del Aspe. Desde entonces, no se había vuelto a encontrar un oso muerto a tiros en la cordillera. Hasta ayer.

 

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Por Guillermo Prudencio

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