El Pirineo ante la crisis climática: menos agua, más calor y adiós a los glaciares

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La crisis climática se está haciendo notar, cada vez más, en las montañas del Pirineo. Pocos impactos son tan evidentes como la desaparición de sus glaciares, los más meridionales de Europa -en 35 años años se han desvanecido la mitad, y ya sólo quedan 19- pero hay otras señales del cambio climático. En los últimos 60 años, el Pirineo ha experimentado un calentamiento más intenso que la media del planeta, con una subida de 1,3 grados de temperatura media. Y al mismo tiempo, se han reducido las lluvias y el agua que baja por los ríos. 

Son algunos de los datos que un centenar de científicos han compartido en Jaca durante un coloquio internacional organizado por el Observatorio Pirenaico de Cambio Climático (OPCC). Entender qué ha sucedido, qué está por venir y cómo podemos prepararnos para ese futuro al que nos lleva la emergencia climática es el objetivo del OPCC, fundado en 2010 por las siete regiones que forman la Comunidad de Trabajo de los Pirineos como un ejemplo de cooperación a ambos lados de la cordillera. 

Esta semana presentaban los resultados de seis proyectos de investigación que ha coordinado el Observatorio durante los últimos tres años, un esfuerzo conjunto de científicos de Francia, España y Andorra. “Los cambios climáticos son lentos pero con una gran inercia. Hay que monitorizar estos cambios para conocer su magnitud y tomar medidas de adaptación”, explicó la coordinadora del OPCC, Idoia Arauzo. 

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Aumentar y mejorar el seguimiento del cambio climático ha sido el foco de muchos de los proyectos, que han tenido un presupuesto de 4,5 millones de euros -3 de ellos aportados por la Unión Europea-. Como el proyecto REPLIM, que ha instalado una red transfronteriza para monitorizar lagos y turberas de alta montaña, dos ecosistemas muy sensibles a los cambios ambientales. O el CANOPEE, que ha seleccionado 63 parcelas de bosque a ambos lados de la cordillera donde estudiar si árboles como el haya o el abeto están cambiando su ciclo de vida en respuesta al calentamiento. 

Otra de las iniciativas, CLIMPY, ha logrado consensuar una metodología única entre los tres países para conseguir datos sobre la evolución del clima que engloben a todo el Pirineo. “Por primera vez podemos conocer el comportamiento de las temperaturas, las precipitaciones, la nieve y escenarios futuros para el conjunto de la montaña pirenaica”, dijo el coordinador de Climpy y catedrático del Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio de la Universidad de Zaragoza, José María Cuadrat.

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Los datos pueden consultarse en el “Geoportal” del OPCC y pintan un futuro preocupante. Aparte del calentamiento ya registrado, Cuadrat comentó que “los escenarios que se plantean nos están diciendo que la temperatura subirá en torno a 1ºC en los próximos decenios. Si esto es así, habrá un cambio fundamental en la isoterma 0 grados, la que marca el límite entre nieve y agua, y eso sí que va a tener una incidencia notable en un recurso básico como es el agua”. 

Estudiando los medidores que registran el caudal de los ríos -las estaciones de aforo-, los científicos han constatado que se ha reducido el agua que baja de media cada año por los ríos del Pirineo. En invierno llevan más agua, pero los periodos secos -el estiaje- son cada vez más largos. 

“Hay que tener en cuenta que los Pirineos son una fábrica de agua, hay una población de varios millones de habitantes que no viven en el Pirineo pero dependen de los recursos hídricos que se generan aquí”, explicó el coordinador del proyecto PIRAGUA, Santiago Beguería. Este científico del CSIC recordó que, en el lado español de los Pirineos, “uno de los grandes utilizadores de agua es la agricultura” y que “por el lado de la oferta de agua, el cambio climático nos traerá cada vez mayor dificultad”. 

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¿Es compatible el futuro con cada vez menos agua y cada vez menos nieve que pronostica el OPCC con proyectos como el crecimiento de la agricultura de regadío o la ampliación de pistas de esquí en el Pirineo aragonés? Sin mencionar específicamente estas cuestiones, el mensaje de los científicos fue claro: ya conocemos las evidencias sobre el cambio climático y es hora de actuar en consecuencia.

“En cualquier actividad que nos planteemos hacia el futuro, la pregunta que nos tenemos que hacer es de qué manera esto nos va a permitir adaptarnos mejor al cambio climático y a la crisis medioambiental que tenemos encima. De manera que cualquier decisión política , cualquier decisión personal que hagamos, eso lo tengamos siempre presente”, dijo Blas Valero, del Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC.

El turismo, la agricultura, la producción hidroeléctrica, la ganadería, el sector forestal… Quienes viven y trabajan en las montañas, y quienes dependen de ellas aguas abajo, tendrán que adaptarse al nuevo paradigma que trae el cambio climático. A partir del año que viene, el OPCC comenzará un nuevo proyecto -llamado Adapyr- para seguir ayudando en esa transición.

 

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Por Guillermo Prudencio

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