Acebo, muérdago y su tradición cultural

acebo cima norte

En los valles pirenaicos, escondidas entre los bosques, existen dos especies de plantas singulares: el muérdago y el acebo. Su tradición y sus usos las hacen tremendamente especiales. Ambas fueron consideradas sagradas por la cultura celta.

Basta con dar un paseo por los bosques mixtos de nuestra cordillera para poder encontrarlas. Son fáciles de distinguir y son muchas las leyendas e historias populares que se cuentan en torno a ellas. Vamos a conocerlas.


1. EL ACEBO (Ilex aquifolium)

El acebo es un arbusto o pequeño árbol de hoja perenne que acompaña al haya, al abeto y al pino en los bosques mixtos pirenaicos. Forma parte del sotobosque — vegetación que crece bajo los árboles más grandes — y es un signo de biodiversidad.

Es una planta con diferentes y variados usos. En medicina tiene una dilatada tradición como diurético y purgante. En ebanistería es muy apreciada su madera por ser fuerte, densa y no tener nudos. Y en la caza, de su corteza se extraía la liga, una sustancia pegajosa para atrapar pájaros.

Además, la tradición católica la introdujo como elemento decorativo navideño para sustituir al muérdago — considerado pagano —. El uso abusivo, la llevó a ser catalogada como especie en peligro de extinción. A día de hoy, sin embargo, se está recuperando.

Las hojas del acebo son su elemento más característico. De un color verde oscuro, robustas y con pinchos. Asimismo, los frutos rojos que afloran durante el otoño le hacen inconfundible. Sus hojas tienen un buen sistema de defensa. Los pinchos de las hojas más bajas son más pronunciados y fuertes, para impedir que los herbívoros se alimenten de ellas. Y al contrario, las más altas, son ligeramente más redondeadas.

acebo

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El acebo tiene un extraordinario valor ecológico. Sus frutos maduran en invierno convirtiéndose en una fuente de alimento esencial para los pájaros. Entre ellas, el urogallo, habitante del Pirineo y también en peligro de extinción, para el que el acebo es fundamental en su dieta.

Más allá de la moderna tradición de besarse bajo el acebo, existen numerosas leyendas en torno a esta planta. Era un árbol sagrado para los celtas, al que no se le puede mentir ni engañar y que otorga un fuerte poder protector. Servía para traer suerte a la comunidad y alejar a demonios y malos espíritus. Los druidas también usaban su madera para fabricar varitas y amuletos.


2. EL MUÉRDAGO (Viscum album)

Es una planta semiparásita que, aunque es capaz de realizar la fotosíntesis, vive insertada en otros árboles. Le gustan especialmente los de hoja caduca. En el Pirineo es común observarla sobre robles y en invierno es fácil de distinguir entre las ramas que ya han perdido sus hojas. 

El muérdago contiene una sustancia llamada viscotoxina, que es dañina para los humanos si se consume en grandes cantidades. Aún así, son diversos los usos medicinales de la planta. Desde la antigüedad fue usada como remedio universal y en la actualidad, todavía tiene diferentes fines. Sirve para la hipotensión, la regulación del ritmo cardiaco o el reuma. Y recientemente se ha utilizado en tratamientos contra el cáncer.   

Del muérdago también se puede obtener la liga para cazar y se usa como adorno navideño, aunque fue principalmente sustituido por el acebo con la llegada de la tradición católica. Quizá sea este el motivo por el que se confunden muérdago y acebo, a pesar de que su aspecto es muy diferente. 

muérdago

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Los frutos del muérdago son de color blanco, y maduran al mismo tiempo que los frutos rojos del acebo. Condición que también le convierte en un alimento indispensable para las aves y pequeños mamíferos durante los meses de invierno. 

Cuentas las leyendas que el muérdago tiene un poder sobrenatural. Lo usaban los druidas celtas en sus rituales, para repeler a los lobos y los seres malignos e incluso para resucitar a los muertos. Además, se le atribuye el poder de atraer la fertilidad y se la vincula con conjuros amorosos. 

El poder del muérdago y el acebo se asocia a al solsticio de invierno. Momento en el que, a diferencia de otros árboles, mantienen su esplendor y se produce la maduración de sus frutos. 

 

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