Senegüé, en las llanadas del Gállego

Senegüé, en las llanadas del Gállego
Morrena en descenso

Senegüé hunde sus raíces en los rastros del hielo, pues se levanta sobre la morrena terminal de un glaciar que trazó el paisaje que hoy apreciamos en la Tierra de Biescas.

Esta morrena es el resultado del último de los ciclos glaciares conocidos, que alcanzó su máximo hace 25 000 años. Para objetivar las dimensiones de este glaciar de montaña, los datos nos hablan de que llegó a alcanzar 350 metros de espesor en la localidad de Biescas y 600 en algunos puntos propicios del Valle de Tena.

Además, Senegüe fue, es y seguirá siendo tierra de paso y encrucijada de caminos, vertebrado por un río, el Gállego, que ha condicionado su existencia. Por Senegüé discurría la vía romana secundaria que unía las tierras llanas oscenses con el Ossau francés por el Portalet.

 icon-flag  Track de la ruta
Senegüé, en las llanadas del Gállego
Campos ubicados en el antiguo frente glaciar

Tras abandonar el dominio de la morrena, se transita brevemente por la Cañada Real del Valle de Tena. La vía pecuaria más relevante que vertebró el importantísimo tránsito ganadero entre el norte pirenaico y los pastos de invierno de las tierras del sur.

El Puente de las Pilas es un puente de tablas de tipo colgante cuyas primeras referencias documentales datan de finales del siglo XVI. Hasta la década de los 80 del siglo pasado, unió las poblaciones de Senegüé y Lárrede, es decir, las márgenes derecha e izquierda del Gállego.

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Puente de las Pilas

El camino, en levísimo ascenso, indicativo de que nos alejamos de los dominios del Gállego, nos conduce a Lárrede, el hogar de la que es emblema de las incomparables Iglesias de Serrablo.

San Pedro, una refinadísima muestra de arte románico lombardo del siglo XI, que adopta soluciones constructivas innovadoras como su inédita planta de cruz de latina o sus bóvedas de piedra al tiempo que en ella perduran algunos detalles arquitectónicos de filiación hispanovisigótica-mozárabe en algunas ventanas y puertas.

Senegüé, en las llanadas del Gállego
San Pedro de Lárrede

Y qué decir de la esbelta torre rematada con triple ventanal y cierre interior construido mediante aproximación de hiladas, emparentada poderosamente con el tramo superior de la excepcional torre de la iglesia de San Bartolomé de Gavín.

Y no hace falta ser ningún versado en arte sacro, tampoco ser practicante de religión alguna, para apreciar la gracilidad de este edificio, la maestría con que se ejecutó y la delicadeza que desprenden sus formas.

Senegüé, en las llanadas del Gállego
De camino al Collado de Lárrede

Es hora de dirigirnos al punto culminante de la ruta por altura y por novedad. Se trata de un lugar conocido como A Liena Javierre, o lo que es lo mismo, un quejigar que alberga robles de trabajo centenarios.

Senegüé, en las llanadas del Gállego

Su posición excéntrica y ligeramente aislada le ha otorgado un grado de conservación excelente. La propia toponimia indica que este caxicar se ubica en una liena, vocablo aragonés para designar el afloramiento de un estrato rocoso de grandes dimensiones.

La inmensa mayoría de árboles presentan una fisonomía trasmocha o escamalata, de amplios troncos y ramajes escamondados. Su explotación, como la de todos árboles de trabajo, pretendía obtener réditos forestales a través de podas periódicas.

Senegüé, en las llanadas del Gállego

El quejigar de Javierre muere en la confluencia de los barranco de Ipe y de las Gargantas, que configuran el espectacular tramo de Tramafoz.

Senegüé, en las llanadas del Gállego
Panorámica de la obra del glaciar del Valle de Tena

Como su propia toponimia revela, las aguas surgidas de la vertiente occidental del macizo de Santa Orosia atraviesan una foz, que en aragonés alude a un estrechamiento, garganta o desfiladero.

Por un sendero a tramos empedrado y que se asoma al vértigo de un barranco de aguas esmeraldas, desembocamos en un cruce de caminos, que coincide con el antiguo trazado de la vía pecuaria de la colada de Latas, naciente en la localidad de El Puente de Sabiñánigo.

Senegüé, en las llanadas del Gállego
Tramafoz y Corona de Satué

La vuelta hasta Senegüé la completaremos por camino ya conocido, pero esta vez llegaremos al pueblo por el paraje conocido como A Paul, que hace referencia al constante encharcamiento de sus tierras, coincidente con la zona llana previa al arco morrénico que acoge un tupido quejigar, conocido como O Caxicar.

Una vez más, la recompensa es mayúscula en comparación con el esfuerzo invertido. Por enésima vez, queda suficientemente probado que no hay mejor forma de apreciar y conocer el territorio que observándolo y respetándolo a través de nuestros pasos.

Todo lugar de paso es también albergue. Senegüé cumple la premisa a la perfección. Que estos tiempos de premura e inmediatez no nos deglutan y nos impidan observar y reflexionar por todo lo que dejamos atrás sin ni siquiera plantearnos su existencia.

 

 

  Ruta de nuestros colaboradores Rai Rizo y Nathalie Fernández de Caminar por Caminar. En su blog podéis leer la entrada completa.  

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