¿Por qué nos la jugamos ante las avalanchas?

esquiador freeride

Uno de los primeros días de esta excepcional y precoz temporada de esquí, subía a foquear un rato por las pistas de Astún –aún cerradas– y me encontré a una pareja de freeriders haciendo dedo al borde de la carretera. Habían bajado alguno de los tubos del Ruso, uno de los descensos fuera de pistas más populares de la estación.

Es un terreno exigente, expuesto a las avalanchas. Los días anteriores habían caído grandes nevadas, con mucho viento. Y los boletines de peligro de aludes advertían que, al ser el principio de temporada y no haber base, el manto se encontraba muy inestable.

    – Vaya, aquello debe estar bastante delicado, ¿no? – pregunté, inocentemente.

    – Para disfrutar de los días de powder –nieve polvo– hay que saber por dónde te metes.

¿Qué decir ante semejante réplica? Me quedé callado, pensando que ni loco bajaría aquellas pendientes en un día así. ¿O tal vez sí? Soy nuevo en el valle, pero si conociese bien esa bajada, si fuese con alguien que me diese confianza… ¿No me la jugaría? Como sabe cualquiera que se haya plantado con unos esquís sobre una ladera sin huellas en un día de nieve polvo, la tentación es muy grande.

Tanto, que es fácil olvidar datos como que en el 93% de los accidentes, la avalancha la desencadena la víctima o alguien de su grupo. Los expertos incluso han acuñado un término para esos días en los que nos dejamos cegar por el paquetón, “el síndrome del cielo azul”.

“Las personas valoramos lo que es escaso: las vacaciones, los días de buen tiempo, la nieve polvo. Cuando se juntan todos esos deseos al mismo tiempo, se tiende a ser menos riguroso con la apreciación del peligro para poder satisfacer el deseo que tenemos de bajar por nieve polvo”, explica la especialista en avalanchas Rocío Hurtado, de la consultora Snowthings.

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Rocío Hurtado / Snowthings

En Avalanchas, nociones imprescindibles, una auténtica biblia sobre el tema, el norteamericano Bruce Tremper asegura seguir sin entender por qué se producen días que denomina de histeria colectiva. “No sé qué tienen las avalanchas y la circulación en la alta montaña, pero la gente siempre sobreestima sus habilidades”.

Tremper, que nació en Montana y creció con unos esquís en los pies, explica que uno de los mayores factores que contribuyen a esta aparente inconsciencia es el “refuerzo positivo” que se da cuando salimos a la montaña o esquiamos fuera de pistas y, a pesar de haber cometido errores, volvemos a casa ilesos.

“Las laderas donde se pueden producir son estables en el 95% de los casos, de modo que aunque no sepas absolutamente nada sobre aludes, tus probabilidades de que no pase nada malo son de 19 a 20”, analiza el norteamericano.

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Según Tremper, lo peor es que muchas veces creemos que, como no nos ha pasado nada, hemos tomado decisiones correctas. Y eso refuerza la seguridad en nosotros mismos. Es uno de los sesgos cognitivos o atajos mentales que entran en juego al gestionar en riesgo en terreno de aludes. En la montaña, el precio por dejarse engañar por ellos puede ser muy alto. Y nos pasa a todos, incluso a los mayores expertos.

“Las personas inteligentes solemos tomar decisiones estúpidas. Y sí, con demasiada frecuencia eso me incluye a mí”, se sincera en su libro el norteamericano. “Excepto matarme, debo haber cometido todos los errores posibles”.

Otros sesgos que, según Tremper, se suelen repetir en accidentes por avalancha son el comportamiento de manada –asumimos más riesgo cuando vamos en grupo, o cuando tratamos de impresionar a los demás–, el aura de experto –seguimos ciegamente a quien creemos que sabe más que nosotros–, el sesgo de confirmación –una vez hemos hecho un juicio, tendemos a descartar la información que lo contradice– o la aversión a las pérdidas: “hemos llegado hasta aquí, no vamos a darnos la vuelta ahora”.

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Un fenómeno que preocupa especialmente a los especialistas en avalanchas es el auge del freeride fuera de pistas, en estación de esquí, un entorno que tendemos a considerar como más seguro. Hace dos años, en la temporada 2017/2018, el Pirineo vivió uno de los inviernos más trágicos de los últimos tiempos, con 11 víctimas mortales por avalanchas. De esas, siete esquiaban fuera de pistas.

“En los cursos de formación que llevo impartiendo desde hace seis años, el perfil es más de un esquiador de travesía de nivel medio que el de un freerider. Eso no quiere decir que no quieran recibir formación, pero en general suponen un porcentaje muy pequeño en los cursos”, explica Rocío Hurtado. “En muchas ocasiones se confunde tener un buen nivel de esquí con tener buenas capacidades para gestionar el terreno de avalanchas. Hay un dicho famoso que dice «Cuidado experto, la avalancha no sabe que eres un experto», añade la ingeniera.

Y en el Pirineo, ¿qué podemos esperar de esta temporada? Hurtado teme que el invierno pasado, en el que hubo poca precipitación y pocos momentos de peligro –con niveles 3 ó 4 en los boletines-, nos haya hecho bajar la guardia: “Cada invierno, cada día, la nieve es diferente, el manto es diferente, y por tanto debemos estar siempre atentos y adaptar nuestra actividad a esas circunstancias, y no al revés”.

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Rocío Hurtado / Snowthings

Estos primeros días de temporada, en los que han caído nevadas históricas y el manto nivoso se encuentra muy inestable, Hurtado recuerda que situaciones excepcionales llevan a avalanchas excepcionales. “Estos días he visto aludes en lugares donde no pensaba que había, y en momentos en los que no me esperaba. Con lo cual, mi actitud es mucho más conservadora y observadora”, asegura.

Planificar bien las actividades, ir con los ojos y oídos bien abiertos para reevaluar la situación en todo momento, formarse o practicar frecuentemente el uso de arva, pala y sonda –no, no vale con llevarlas en la mochila– son algunos de los consejos de los expertos para moverse con seguridad en esa montaña invernal que tanto amamos.

“Divertirse de forma responsable en terreno de aludes probablemente no sea tan peligroso como la mayoría de la gente se imagina”, explica Tremper. “Si aplicas todas las medidas para reducir el riesgo que se enseñan en los cursos de aludes, es probable que el riesgo diario de conducir tu coche sea igual o más alto que el de ir a la montaña”.

Y un último consejo de Tremper: “Huye de la pedantería. Un verdadero experto es humilde y toma decisiones conservadoras. Busca expertos así y aprende de ellos”.

 

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Por Guillermo Prudencio

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