Ibones de Anayet con raquetas de nieve

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Ya estamos en mayo y, aunque a regañadientes, parece que emerge el buen tiempo. El Pirineo todavía guarda mucha nieve y as condiciones para realizar esquí de montaña o raquetas de nieve siguen siendo buenas. Nuestra cordillera esconde infinitos lugares que merece la pena conocer en esta época del año. Entre ellos, los ibones de Anayet

En el municipio de Sallent de Gállego, junto a la pista de esquí de Formigal y muy cerca del Portalet, se encuentra el antiguo volcán de Anayet. Y a su falda, tranquilos y vigilantes, los ibones del mismo nombre. Es una ruta clásica que nos regala una vista inmejorable del imponente Midi d’Ossau.

En el Pirineo, tenemos una rica y variada toponimia. Quizá los pastores sean quienes mejor han guardado estas referencias, restos esenciales de nuestra cultura y tradición.

Habitualmente, los picos reciben su nombre para explicar su forma, particularidad o elementos naturales relevantes. En ocasiones, también, el nombre hace referencia a plantas. Y ese es el caso de hoy. El nombre Anayet viene de la palabra aragonesa “anayóns” que significa arándanos. Tanto el pico como sus ibones, reciben este nombre por la abundancia de este arbusto en las laderas cercanas.

La ruta hasta los ibones es sencilla. Las raquetas de nieve o los esquís de montaña imprescindibles en estas condiciones. Pero la actividad es perfecta para realizar en familia o iniciarse en el alpinismo invernal. 


Descripción de la ruta

La ruta comienza en el parking de Anayet, junto a la estación de esquí de Formigal. Fuera de temporada, el acceso suele estar cerrado y tendremos que dejar el coche junto a la carretera, en el “Corral de las Mulas”, poco antes de llegar al Portalet. 

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Desde el coche, recorremos poco más de 2 km hasta el parking. Aquí nos calzamos las raquetas y seguimos, en frente, el cauce del barranco Culivillas. Siempre a su izquierda. Está señalizada la GR-11 aunque algunas marcas están tapadas por la nieve. 

ibones de anayet

En este época del año, es muy fácil ver marmotas, cerca del barranco. Despiertan ahora del largo invierno. A nuestro paso, se avisan entre ellas y alertan de nuestra presencia.

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Siguiendo en todo momento el barranco de Culivillas, la pendiente aumenta, y se dibuja alguna pequeña cascada en el recorrido. Tras 2 horas de disfrute llegaremos al final. El Midi a la derecha, y el pico Anayet a la izquierda, se dibujan ante nosotros. Y tranquilos, a sus pies, los ibones. 

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Con la nieve es difícil distinguirlos, pero sí. Ahí están, esperando a que el calor haga su trabajo y el deshielo concluya, para ver la luz de nuevo. 

 

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