Las cascadas de Ordesa durante el deshielo

Cualquier época del año es buena para visitar el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. En otoño los hayedos mudan sus hojas y la ruta se convierte en un paseo de cuento. En invierno las nieves cubren todo el valle transformándolo en un paisaje nórdico. Pero es al final de la primavera, cuando al derretirse toda esa nieve, el río Arazas y sus barrancos rebosan agua por cualquier zona que atraviesen.

El ensordecedor ruido de las cascadas asombra al montañero, aparecen múltiples surgencias —nacientes naturales de agua — que parecen salir como por arte de magia de las rocas y el bosque adopta unos verdes más vivos que nunca.

En este 2018, debido a las copiosas nevadas del invierno y a las abundantes lluvias que ha dejado la primavera, durante gran parte del mes de junio la ruta hasta la Cola de Caballo ha supuesto un espectáculo de agua y color para el visitante.


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Un coche de los guardas del Parque desciende hacia la Pradería de Ordesa, a través del sol matinal y el rocío de las hojas.

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El caudal de la Cascada de Arripas destaca entre los verdes de los pinos y hayas que conforman el bosque.

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Más en detalle. Además de la fuerza con la que rompe el agua, ésta parece adquirir tonos turquesas típicos del agua de deshielo.

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El cauce del río Arazas, poco más abajo de la Cascada de la Cueva. Aquí se ensancha varios metros más de lo habitual en cualquier otra época del año.

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Un rayo de luz se filtra por la Cascada del Estrecho. Ilumina la vegetación lateral regada por el agua que el viento transporta desde la cascada.

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La Cascada de Estrecho desde otra perspectiva. Impresiona con su caudal a quien se acerque al borde del mirador.

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Las Gradas de Soaso nos dan la bienvenida al circo de su mismo nombre. Erosionan el terreno hasta el límite para conformar los característicos escalones o gradas.

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Sobrevolando el refugio de Góriz, las numerosas surgencias a lo largo de toda la ladera, provocadas por el derretimiento de la nieve, dan de beber al río Arazas.

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Para terminar la ruta, la Cola de Caballo. Uno de los emblemas de Ordesa, rebosante de agua.

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Por Aitor Borruel

Fotógrafo

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