Leyenda: la Giganta de los Mallos de Riglos

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En la Hoya de Huesca, al sur del Pirineo, se alza una impresionante formación rocosa. Unas verticales paredes conglomeradas esculpidas por el tiempo que conforman un entorno natural único. Los Mallos de Riglos son un rincón de aventura y escalada, pero también un espacio de leyenda. 

Cuenta la leyenda que en Foz de Escalete, una pequeña aldea de la zona, vivía una extraña y solitaria anciana. Diferente al resto. Tenía una gran estatura, casi gigante, y entre los vecinos tenía fama de bruja. Ella era hilandera y solía mojar el lino en las limpias aguas del río Gállego. A sus espaldas decían que era amiga de los seres malignos y tenebrosos que merodeaban en el bosque. Sin embargo, nunca había hecho mal a nadie. Amaba la naturaleza y los animales que vivían en ella. 

Un día, cansada de la gente y del rechazo que siempre le habían mostrado, decidió abandonar el pueblo y refugiarse en la naturaleza. Ahí se sentía libre y segura. De la nada, hizo aparecer dos moles de roca de un tamaño inmenso. Las levantó en el aire y con una fuerza sobrehumana las clavó junto al río Gállego. Se dice que desde entonces se refugia y oculta en ellas, lejos de las personas. 

Nadie volvió a verla hasta la noche de San Juan. Cuentan las gentes del lugar que cada 23 de junio, cuando llega la medianoche, se le puede ver sentada en O Pisón, el más grande de los mallos. Ahí descansa tranquila. A veces remoja el lino con el que hila en las aguas del río y otras se peina cuidadosamente su largo cabello blanco. 

 

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