El oso se recupera en el Pirineo con el reto pendiente de la coexistencia

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Los bosques y montañas del Pirineo ya son el hogar de hasta medio centenar de osos pardos. Este año nacieron entre 11 y 13 oseznos, y la cifra total de ejemplares sería de 45 a 50, según una estimación provisional ofrecidos por el Departamento de Territorio y Sostenibilidad de la Generalitat de Catalunya. A falta de los datos definitivos, sería un crecimiento notable desde los 40 osos que contaron en el censo de 2018.

Desde las montañas del Pallars hasta los Pirineos Atlánticos y Navarra -abarcando un área total de 7.400 kilómetros cuadrados-, el oso está recuperando lentamente sus antiguos territorios a ambos lados de la cordillera, después de ser perseguido a conciencia por el ser humano durante el siglo XX. En 2004, un disparo segó la vida de la última osa autóctona del Pirineo, ‘Cannelle’, que vivía en el valle d’Ossau, en la vertiente francesa del Pirineo occidental. ‘Camille’, el último oso 100% pirenaico, fue dado por muerto en 2010 en la misma zona. 

Pero en 1996 se le había dado una segunda oportunidad a la especie: ese año Francia liberó dos hembras en el Pirineo central, en el Ariège, y un macho al año siguiente. Los osos –Ursus arctos arctos-, procedentes de Eslovenia, se adaptaron bien a estas montañas.

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Los que viven ahora en el Pirineo son sus descendientes, y su lenta recuperación es un rayo de esperanza en medio de la crisis de extinción en la que está inmersa el planeta. Un millón de especies están en peligro de extinción, según alertó este año Naciones Unidas en un informe sobre el estado de la biodiversidad. Es también una buena noticia para los ecosistemas pirenaicos, empobrecidos por la falta de una pieza clave, el que junto al lobo era su mayor depredador.

Pero aunque su principal alimento no es la carne, a veces pueden actuar como depredadores que son y atacar al ganado. Este es para muchos su mayor pecado. Y el motivo por el cual los esfuerzos para recuperar a la especie encendieron un conflicto social que, más de 20 años después, sigue enquistado en ambas vertientes del Pirineo. 

Es una historia que se repite en todas partes con el regreso de los grandes carnívoros a las zonas donde habían desaparecido. Un conflicto complejo que trae de cabeza a las personas que trabajan para proteger a la especie -que tienen que actuar más como mediadores sociales que como biólogos- y a las gentes de la montaña que tienen que volver a vivir con osos. 

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Jornadas PirosLife

Para seguir avanzando en ello, en Septiembre se reunieron en unas jornadas organizadas en el Parc Natural del Alt Pirineu (Pallars Sobirá) como broche del PirosLife, el proyecto liderado desde 2014 por la Generalitat de Cataluña para afianzar la población de la especie en los Pirineos centrales. 

¿Es posible convivir con el oso? Un ganadero de Lleida que lleva desde hace 30 veranos sus rebaños a los pastos del Pirineo, Josep Marcel Reverler, contó que desde que tomó medidas de prevención no ha vuelto a sufrir ataques del plantígrado. “Yo diría que puedes convivir con el oso, siempre que estés las 24 horas con el rebaño”. 

Vigilar y encerrar por las noches los rebaños y el ganado que pastaba por la montaña era lo habitual hace décadas en el Pirineo, cuando había lobos y osos de los que preocuparse. Pero los tiempos han cambiado, muchos compatibilizan la ganadería con otros trabajos y esa costumbre se perdió. Buena parte del ganado pasa el verano suelto en la montaña y protegerlo, además de tiempo, supone una molestia más para los ganaderos extensivos, ya asfixiados por problemas como el bajo precio de sus productos o las excesivas trabas burocráticas. 

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Conscientes de ello, el proyecto PirosLife ha dedicado alrededor del 40% de sus 2,5 millones de euros de presupuesto -entre 2015 y 2019- a medidas para favorecer la coexistencia. Medidas como la contratación de seis pastores -pagados por la Generalitat de Cataluña- que vigilan a los rebaños todo el verano mientras están en la montaña, la entrega de mastines de protección del ganado, o el pago de los cercados eléctricos -también los dan para proteger los colmenares de los osos ávidos de miel- para encerrar a las cabras y las ovejas de noche. 

“El sistema es muy sencillo: pastores, cercados eléctricos y perros de protección. La reducción de daños es drástica si se aplican medidas”, aseguró uno de los técnicos del proyecto, Nicolás Espinós. 

En las jornadas se compartieron experiencias similares de otras montañas donde está volviendo el oso, como el Trentino. Allí, en los Alpes italianos, ya habitan entre 60 y 78 ejemplares, gracias también a la reintroducción de ejemplares procedentes de Eslovenia. En el verano de 2017, 13.000 cabezas de ganado pasaron el verano en los pastos de montaña y tan sólo sufrieron cuatro bajas, gracias a la combinación perros, cercados y pastores. Pero el conflicto tampoco se ha resuelto y, de hecho, la aceptación social por el oso ha caído desde que comenzaron los esfuerzos de recuperación en los años 90.

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Quizá la Cordillera Cantábrica, donde el oso también estuvo cerca de la extinción y donde ya hay alrededor de 300, sea un buen ejemplo a seguir. Allí no hay conflictos entre osos y ganadería extensiva y la especie se ha convertido en icono y motor de un creciente sector ecoturístico. El presidente de la Fundación Oso Pardo, Guillermo Palomero, explicó que “en sitios donde el oso ha desaparecido, se producen los mismos miedos, las mismas tensiones y las mismas desconfianzas que veíamos hace 20 años.”

Quedan otros retos para asegurar el futuro del oso en el Pirineo, como aumentar la baja diversidad genética. Una de las acciones clave del proyecto PirosLife fue soltar al oso ‘Goiat’ para acabar con el monopolio sexual de Pyros, el primer oso esloveno liberado en el Pirineo en 1997, que era el padre directo o indirecto del 75% de los oseznos nacidos en este tiempo. 

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Sobre ‘Goiat’ se han escrito páginas y páginas por sus ataques al ganado, y se ha llegado a plantear su captura y deportación a Eslovenia. Aunque según los responsables de su seguimiento, parece que este año ha moderado mucho su comportamiento depredador (no ataca al ganado desde que mató dos teneros a primeros de julio, en Plan), su llegada a Aragón este verano ha vuelto a incendiar el clima social en torno a la especie. Y demostró todo el ruido que puede generar un solo oso y que queda mucho trabajo por hacer para mejorar la coexistencia.  

“Tenemos que ir por delante de los conflictos, que son previsibles”, planteó Palomero en las jornadas. La vuelta del oso no tiene marcha atrás: es una especie protegida por la Unión Europea y su recuperación es una obligación legal. Bruselas, además, ofrece los fondos para que los países miembros puedan pagar las medidas de prevención y las indemnizaciones que ocasione la especie. ¿Será suficiente para que haya paz en el Pirineo? De ello dependerá que las huellas del oso nunca desaparezcan de las montañas pirenaicas.

 

 icon-arrow-circle-right Puedes leer más sobre fauna del Pirineo en este enlace.

 

Por Guillermo Prudencio

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