Escalada de la cara norte del Pitón Carré

pitón carré

Actividad realizada por los guías de Alta Montaña Nacho Merino, Félix Aznar y Fede San Sebastián. 

Numero 77. Este es el lugar que ocupa la vía Ravier de la Cara Norte del Pitón Carré en el famoso libro  Las 100 Mejores” de Patrice de Bellefon. En esta fabulosa guía el número de la actividad va aumentando según la dificultad y el compromiso de la ruta, hasta llegar a la número 100. Bajo mi humilde opinión, y después de haber realizado gran parte de los itinerarios propuestos, he de decir que hoy por hoy la apreciación de esas dificultades ha variado en gran medida, propiciado sobre todo por los avances técnicos, materiales y el posterior equipamiento de las rutas más difíciles. Por ello esta escalada debería situarse sin lugar a dudas, por su complicada logística, compromiso y exposición, entre las diez rutas más difíciles del famoso libro. No en vano el autor comienza su descripción denominándola como “La siniestra Cara Norte”, y no exagera…

Puesto que somos una cordada de aventureros con pocos recursos, elegimos darle un toque romántico a la actividad. La idea es atacar a la pared desde Aragón, por Bujaruelo, y así ahorrarnos más de dos horas de trayecto en coche. De esta manera la actividad gana en carácter y compromiso, ya que solo la aproximación nos llevara más de cinco horas y dormiremos en una repisa en la propia pared a mitad de escalada. Tendremos que ir en modo caracol, con la casa a cuestas, y ser autosuficientes durante un par de días.

Después de algún que otro olvido y problemas para transportar las tres bicicletas hasta el refugio de Bujaruelo, conseguimos ponernos en marcha sobre las diez de la mañana. Comenzamos la marcha montados en nuestras flamantes bicis por la pista que da acceso al puente de Ordiso, donde las esconderemos detrás de unos arbustos. La aproximación sobre dos ruedas nos ahorra un poco de tiempo en la subida, pero donde realmente lo agradeceremos será en la larga bajada.

Una vez sobre nuestros pies la marcha se ralentiza. Las mochilas bastante más grandes y pesadas de lo que nos gustaría, se clavan en nuestros hombros. En ellas llevamos lo imprescindible para no pasar demasiadas penurias en nuestra pequeña aventura: sacos de dormir ligeros, ropa de abrigo, comida, suficiente agua para no deshidratarnos y por supuesto todo el material necesario para una gran escalada de dificultad. El Valle del Ara por donde discurre nuestra aproximación se hace largo y pesado. A pesar de que las vistas son inmejorables, nuestra mente se abstrae metida de lleno en la escalada que está por llegar.

Según voy avanzando noto demasiado pronto el cuerpo cansado. No en vano llevo casi un año sin escalar y apenas hacer ejercicio. Este ha sido el año del paréntesis. Durante este periodo, he sido padre y a la vez he montado un negocio, que por supuesto ha exigido toda mi atención y mi tiempo. Las dudas se apoderan de mi mente y dejando atrás el ego, lo comento con mis compañeros: Para que una cordada funcione, debe fluir la empatía y la sinceridad, y siempre buscar el apoyo.

Antes de llegar al collado de los Mulos, que marca el final del Valle del Ara, nos desviamos a mano derecha para subir al collado des Oulettes que nos dará acceso directo a la cara norte del Vignemale.

Pitón Carré

Una vez en el collado el ambiente es sobrecogedor, por fin aparece ante nuestros ojos y entre nubes, la sombría y poco acogedora pared. Sin perder demasiada altura flanqueamos toda la cara norte hasta que llegamos al glaciar des Oulettes, uno de los últimos glaciares pirenaicos. Un rincón realmente espectacular que va menguando a gran velocidad, abocado a su triste extinción en un breve periodo de tiempo.

Pitón Carré

A los pies del couloir de Gaube nos calzamos los crampones y comenzamos la incursión en la montaña. Cruzamos la espectacular rimaya sin demasiadas complicaciones. Enormes y amenazantes bloques de hielo penden sobre nuestras cabezas. Intentamos movernos lo más rápido posible y salir de la línea de caída.

Una vez en un sitio cómodo, nos quitamos los crampones y sacamos las cuerdas para empezar a asegurar la escalada. Hasta la base del Pitón hemos de escalar la mitad del couloir de Gaube, que en estas fechas de finales de verano se presenta como una canal de roca rota y húmeda que le dan un terriblemente y tétrico aspecto. Escalamos lo más rápido posible prestando especial atención al itinerario y a la precariedad de la roca. Progresamos en ensamble cuando la escalada es más fácil. Después de unas tres horas escalando llegamos a la pared vertical del propio Pitón. El primer largo comienza por una chimenea que se forma con la rimaya de los restos del hielo glaciar del couloir, y termina en un incomodo hombro donde  montamos la reunión.

La tarde está ya muy avanzada y el sol se intuye demasiado bajo. En el ambiente comienza a sentirse el nerviosismo. En el lugar en el que estamos un vivac sería realmente incomodo. Sin más dilación decidimos seguir escalando para buscar un mejor emplazamiento. Le pido a Felix que me coja los pies de gato de la mochila, ya que el siguiente largo es difícil, y al sacarlos, se le cae uno al glaciar. Sin tiempo que perder me deja los suyos, que me quedan enormes, y me adentro en un océano de roca vertical. Escalo despacio y en plena concentración. En estos momentos lo que más me importa es no errar en el itinerario. La roca es bastante compacta y voy protegiendo el avance con los friens y fisureros. De repente aparece ante mi vista un esperanzador clavo que me marca el buen camino y me permite asegurarme.

Poco a poco la luz se desvanece y enciendo el frontal. La incertidumbre se ha apoderado del momento y todavía no encuentro un buen lugar donde montar la reunión. Sigo escalando por terreno cada vez menos vertical. Confío en mi instinto para no perderme en el delgado haz de luz. De pronto, y como caída del cielo, aparece ante mis ojos una exigua repisa en la que apoyar nuestros cansados cuerpos. Con el material que me queda en el arnés monto una buena reunión e informo a mis compañeros de la buena nueva: “¡¡¡ya pueden subir a sus aposentos!!!” les grito. Sus sombras alcanzan la repisa bajo una oscuridad impenetrable e, inmediatamente, empezamos a preparar el vivac.

A mí me toca dormir sentado, pero, teniendo en cuenta las expectativas que teníamos en la reunión anterior, me siento afortunado de mi pequeño trono. Nos ponemos toda la ropa que llevamos, incluidas las botas, el arnés y el casco, y nos metemos en nuestros delgados sacos, a esperar que venga el “Loro”. Las noches como estas se sufren, dormir es algo completamente anecdótico; podría definirse como “un duerme vela del que constantemente despertamos sobresaltados”, ya sea por la sensación de precipitarnos al vacío, por el sonido escalofriante de la caída de las piedras  o simplemente por las constantes tiritonas. El frío es intenso, la temperatura baja de cero grados. Estas son noches que se disfrutan siempre en el recuerdo, al calor del hogar, donde las recordamos lejana y benévolas.

Después de la larga noche llega el alba. Si estuviéramos en una cara Este esperaríamos a que los rallos del sol nos calentaran para sacar nuestros cuerpos del caparazón. Pero tenemos claro que la dura superficie de nuestro recóndito escondrijo no siente sus cálidas caricias en ningún momento del año. Por eso, y con mucha pereza, abandonamos la precaria comodidad de los sacos de dormir y comenzamos los preparativos para el nuevo día de escalada.

A lo lejos se oye un zumbido que se va acercando. Observamos sorprendidos como se acerca el helicóptero de rescate de los gendarmes franceses y se detiene frente a nosotros como pidiéndonos explicaciones. Intuimos que les habrá llamado el guarda del refugio preocupado por nuestros atípicos horarios. Le hacemos la señal, un solo brazo levantado, con la que rechazamos la ayuda. Ellos, perplejos, abandonan la escena; nosotros ansiosos, nos disponemos a seguir.

Comienza Fede a escalar con las botas: un largo relativamente fácil que nos deposita bajo los enormes desplomes negros que trataremos de evitar por medio de una larga travesía horizontal hacia la izquierda. La reunión es completamente colgada, muy incómoda para estar tres personas en ella. Como buenamente puedo me cambio las botas por los pies de gato, me preparo todo el material en el arnés, y con una mezcla de incertidumbre y ansiedad comienzo el siguiente largo. 

Pitón Carré

La suerte no está de nuestra parte, y el nevero de encima de los desplomes chorrea agua. Esto no tendría mayores complicaciones, si no fuera porque esta noche la temperatura ha bajado de cero grados formando una gruesa capa de hielo que dificulta nuestro ascenso.

Comienzo descolgándome de la reunión para hacer un pequeño péndulo y así alcanzar una fisura taponada por el hielo en la que podré proteger mi avance. Huelga decir que los pies de gato no son buenos aliados del hielo. Una vez en la fisura comienzo a limpiar el hielo con el piolet hasta que destapo un par de viejos clavos que me dan seguridad para seguir progresando. Mientras continúo la travesía el hielo va desapareciendo y entro en una placa lisa de roca espectacular. Si no fuera por la austeridad del lugar pensaría que me he trasladado a la cara este del Picu. El avance es muy lento, la escalada no es extrema de dificultad, pero si muy expuesta: una caída aquí no es opción.

Paso a paso voy ganando metros, hasta que por fin llego a una pequeña repisa y monto reunión. Acto seguido comienzan a escalar mis compañeros. A Felix le toca apretar un poco más de lo normal, ya que tiene que escalar con las botas, una dura penitencia que supera a base de recursos.

El siguiente largo, completamente vertical, le toca a Fede: ¡Menudo espectáculo! Comienza por un diedro de ensueño donde los friends entran a cañón para dar paso a un pequeño pero difícil desplome que se puede hacer en artificial. La reunión, es laboriosa, y se monta sobre las campas de encima de los desplomes negros. A partir de aquí la pared pierde verticalidad, pero la roca se vuelve barro. Todavía quedan tres largos en los que predominan las chimeneas de roca muy rota. El avance se vuelve penoso y muy precario debido a los peligros objetivos.

Pitón Carré

Por fin sobre las dos de la tarde salimos a la otra vertiente de la montaña, donde nos recibe un agradable rayo de sol que agradecemos enormemente después de dos días escalando en la sombra. Ahora nos queda cruzar el glaciar de Gaube y emprender la larga bajada del corredor de la Moscova de nuevo hacia el valle, de nuevo a la civilización.

Como diría Patrice de Bellefon, “esta escalada es demasiado salvaje para ser alegre”. Esta ha sido una pequeña gran aventura que disfrutaremos en el recuerdo.


 icon-pencil-square-o Croquis vía Ravier Cara Norte Pitón Carré

 

 

  Entrada realizada por Nacho Merino, guía de Alta Montaña y fundador de la Casa de la Montaña de Jaca.

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Por Nacho Merino

Guía de Alta Montaña. Fundador y gestor de la Casa de la Montaña de Jaca.

5 comentarios

  1. Una auténtica actividad en la Alta Montaña…como bien comentas y se percibe en las fotografías,¡¡aumentando su problemática por la falta de nieve hasta el comienzo real de la pared del Pitón,en esas fechas y los días más cortos….con una mochila a la espalda algo más pesada al tener que realizar él vivac!!….era la opción,que habíais sopesado y elegido para vivir esa espectacular aventura.Los espectaculares cambios en la glaciación transforman muchas actividades…un ejemplo de cuando nosotros un cuatro de marzo realizamos el Couloir de Gaube a la carrera y disfrutando incluso por la salida directa de la entonces,(4-III-90) cueva o desplome, la realización de los que lo hacen en estos años…..a favor de ahora el material y equipamiento….. ¡¡Enhorabuena figuras!!

    • Gracias Julio, la verdad es que se que ha cambiado la morfología de la montaña, es lo que tiene el cambio climático… pero independientemente de todo esto, en el Pirineo siempre encontraremos la aventura que buscamos!!!!

  2. Hola felicidades por la grandiosa escalada y el relato. En que fechas la hicisteis exactamente?.
    Crees que seria mejor enlazar el largo de la travesia que encontrasteis la chorrera con el largo de abajo?. Da la impresión que dejando unas cintas bien largas en la R colgada igual es mas comodo…no se.
    Salut i montaña!!
    Víctor

  3. Hola Víctor. La escalada la hicimos en septiembre, creo que finales, y desde luego no es la mejor época. Yo diría que finales de junio si no queda never o en el Pitón, sería una buena fecha. Lo de enlazar los largo no es una mala opción, te evitas la incomoda reunión, pero hay que tener en cuenta que el largo de travesía es bastante complejo, así que mola llevar toda la artillería que disponemos y tener al asegurador cerca nos arropara un poco en los momentos de tensión.
    Buena escalada!!!

  4. Gracias por la respuesta Nacho. A ver en la forma que saldremos de esta…..Ahora mismo me conformo con salir a coger farigola!!.
    Salut!!

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