Ibones de Bachimaña con raquetas de nieve

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Si mirásemos el Pirineo desde el cielo, veríamos unas perlas azules que decoran nuestros valles. Son los ibones. Así le llamamos en aragonés a los lagos de montaña, en su mayoría de origen glaciar. El valor natural de estas reservas de agua es incalculable y son el origen de muchos de los ríos pirenaicos.

En Panticosa, podemos encontrar varios de ellos. Dos de los más conocidos son los ibones de Bachimaña, alto (2.207m) y bajo (2.190m). Por su cercanía a los baños de Panticosa, es una excursión muy realizada. Además, su belleza, la vuelve indispensable para los amantes de montaña.

Es lugar de paso de grandes ascensiones. Principalmente, para quienes se dirigen al macizo de los Infiernos o Quijada de Pondiellos. Además, desde el año 2012, a los pies de sus aguas se encuentra el refugio de los Ibones de Bachimaña.


Descripción de la ruta

La ruta comienza en el Balneario de Panticosa, junto al refugio Casa de Piedra. Aquí dejamos el coche y tomamos la ruta que nace justo detrás del refugio. Ahí vemos tres carteles explicativos y una advertencia sobre el riesgo de aludes.

Esto es lo primero que tendremos que tener en cuenta antes de comenzar la ruta. En verano no hay problema pero en invierno, la nieve acumulada y las pendientes expuestas convierten el lugar en un sitio propicio para el riesgo de avalanchas. Sin embargo, si hemos consultado los boletines de riesgo de aludes, y sabemos analizar las condiciones, no deberíamos tener problema. 

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Comenzamos la ascensión con una fuerte pendiente. Así entramos en calor. Pronto tendremos bajo nuestros pies el Balneario de Panticosa y a su derecha los famosos tresmiles de Panticosa presididos por el Garmo Negro.

La ruta discurre paralela al barranco del río Caldarés. La naturaleza nos regala aquí hermosas cascadas que podremos observar durante la ascensión. Entre ellas, el Salto del Pino. Solo por esto, ya merecería la pena venir hasta aquí.

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Cumpliendo la hora de ruta, si seguimos un poco más,  llegamos a los Llanos del Bozuelo. Aquí nos calzamos las raquetas, ya que la nieve y las condiciones del terreno lo requieren.

Más adelante, alcanzamos la cuesta del Fraile. Último punto a superar antes de alcanzar los ibones. Aquí podremos observar también la cascada de mismo nombre. Este es el punto más delicado de la ruta por la exposición y riesgo de aludes. Deberemos analizar bien las condiciones. 

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Tras superar la cuesta del Fraile, ya alcanzamos el Ibón bajo de Bachimaña, y a su lado se encuentra el refugio. Un poco más adelante, y al otro lado de la presa, podremos ver el ibón de Bachimaña alto. Todavía ambos, cubiertos de nieve.

La ruta hasta los ibones es de 2 horas a un ritmo tranquilo y disfrutando de las vistas del entorno. El recorrido discurre por la GR-11 y la señalización es muy buena. Hay algún punto en el que tendremos que ayudarnos de las manos. 

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Sin duda, una ruta preciosa con unas cascadas increíbles que no dejaran de sorprendernos durante la ascensión.

 

 

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